¡Llegó mi día! - Julieta Piñeres

El jueves 11 de agosto abrí los ojos muy temprano y entendí que los días nunca volverían a ser los mismos. Miré a mi esposo y sabía que nunca más estaríamos completos solo los dos. Me alisté y terminé de empacar mis cosas en la maleta más preparada de toda mi vida y solo para dos días.

A las 8 de la mañana me encontré con mi doctor, quien ya me había explicado paso a paso lo que creía podía suceder en mi caso. Lo primero fue retirar el cerclaje (la cirugía que 4 meses atrás me habían realizado para cerrar mi cuello uterino, y asegurarnos que Olivia cumpliera su mayor tiempo de gestación). Siguió el famoso tacto, que casi me desmayo del dolor, y donde el doctor sintió la mala cicatrización de mi cuello luego de la cirugía. Ya sin los puntos este se abrió y tenia 4 cm de dilatación pero estaba duro a los lados, y era poco probable que se terminara de separar lo necesario para el parto natural. Lo siguiente, fue realizar una ecografía para saber la posición de la bebé y para sorpresa de todos ella tenía un nuevo accesorio: dos vueltas de cordón umbilical en el cuello. Teniendo en cuenta lo anterior decidimos irnos por una cesárea.

Quiero ser sincera diciéndoles que me quedé con las ganas de sentir un parto natural y poner en práctica tantas cosas que preparé para el momento: mantras, respiraciones, canciones y oraciones. Planes hacemos pero el futuro no sabemos. Así que decidí no frustrarme y ponerle la mejor energía a lo que venía. Mi mayor miedo durante este tiempo era que Olivia saliera antes de tiempo, y ahora que es momento de salir no puede. La vida y sus miles de contradicciones.

Algo siempre me acompaña en los momentos más importantes de mi vida como este. ¡Los desgraciados nervios!!!! Me acosté en la camilla y en posición fetal sentí la puya de la anestesia. Minutos después no sentía mis pernas o nada de la cintura para abajo. Me taparon la visión que tenia de mi cuerpo y me sentaron a Maurizio (mi esposo) a mi lado izquierdo, también lejos de la sangre para que no ocurriera un desmayo inesperado. No pasaron más de 10 minutos cuando escuche un SALE BEBÉ y mis oídos se agudizaron para el mejor sonido de la vida: el llanto de OLIVIA. La vi por primera vez con sus ojos bien abiertos como diciéndome lo logramos, ¡acá estoy mama! La besé aun muy sucia y se la llevaron a los exámenes de rutina donde me dieron la segunda mejor noticia. Alcanzó los 2586 gramos y no era necesario llevarla a una incubadora. ¡DIOS GRACIAS! ¡Que dicha y felicidad más grande!!

¡Mi bebé es perfecta! La veo y no me la creo. Abrazarla, mirarla y besarla por primera vez fue como un estallido en el corazón de emoción. Las palabras siempre se quedarán cortas para describir este momento.

Quiero agradecer profundamente a mi doctor quien siempre me llenó de valor. El Doctor Quijano me entregó mi mejor regalo. Desde el fondo de mi corazón espero que todas las mujeres embarazadas encuentren a una persona especial que las acompañe durante su gestación y que nunca dude se su valor y fuerza para ser madres. En mi caso la paciencia, dedicación y fe en mí de mi Doctor fueron fundamentales y por esto siempre estaré agradecida.

Les quiero dar las gracias también a todos por acompañarme durante este proceso. Gracias por leerme y dejarme abrir mi corazón con las cosas más sencillas y elementales que pasaron por mi cabeza durante este tiempo. Prometo que apenas tenga un rato libre les contesto uno a uno sus mensajes.

No tengo un plan especifico para estos días que se acercan más que dedicarme 100 por ciento a mi hija, a sus cuidados y estar junto a Mau disfrutando este momento. Dicen que voy a conocer el verdadero amor y que lo que viene ahora es lo más duro. No lo dudo pero para esto me inscribí desde el primer segundo que pensé que quería tener un hijo. Bienvenidas las trasnochadas, los cambios de pañal y la inexperiencia. Te amo Olivia y haré hasta lo imposible para ser la mejor mamá para ti.

Volveré a este espacio pronto a compartir mi nueva vida y una vez más ¡mil gracias!

 

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